
- Cuando cumplí 4 años mi papá me dió de regalo una muñeca, yo la abracé y sin darme cuenta él le apretó la pancita y la muñeca comenzó a hablar (en aquella época todo un lujo!).
- La historia de mi arbolito de navidad.
- Cuando la llave Nº 7 que agarró de la bolsa, una de mis compañeras de la secundaria, abrió el cofre y nos ganamos el viaje a Bariloche de Feliz Domingo (todavía me acuerdo de Silvio Soldán gritando y saltando con nosotras).
- Cuando el idiota de uno de los amigos de mi primo se animó por fin a darme bola (qué épocas!).
- Cuando presentamos el proyecto final en la facultad y el profe después de exponerlo, me dijo: "tiene un 9, la felicito, ahora somos colegas"; y me dió la mano.
- Cuando nació Tatiana, que depués de hacerle cuanto análisis pudieron, me la trajeron a la habitación y se me quedó quietita y dormida en el pecho del lado izquierdo del corazón; y lo sigue haciendo después de 8 años.
- Cuando aquella noche mientras cenaba con una amiga sonó el celular y recibí esa invitación para ir a cenar, de alguien que jamás me hubiera imaginado. La noche del encuentro me sentí Cenicienta y el radio taxi que me llevó hasta el restaurant se convirtió en mi carruaje.
- Aquel encuentro en el aeropuerto de Córdoba con esta misma persona, que nos cruzamos por casualidad y teníamos el mismo vuelo para Buenos Aires, y como estaba demorado terminamos almorzando juntos.
- Aquel cumpleaños lejos de mi familia, en Embalse porque estaba trabajando, a punto de llorar durante la cena con mis amigos porque mis hijos que estaban con su padre no me habían llamado para saludarme, y en el momento de cortar la torta el mozo aparece con una botella de champagne que había enviado el "Sr. de la mesa de enfrente" que ese mismo año me había alquilado la casa de vacaciones en la Villa Gral. Belgrano.
- Cuando mi hijo Matías el año pasado actuó de Fantasma de Canterbill y al finalizar la obra, todo el mundo lo ovacionó de pié en el teatro, sentí que había sido capaz de transmitir magia al auditorio.
- Cuando alguien me dejó en el Aeropuerto de Córdoba para volverme a Buenos Aires, esa despedida inadvertida, como cualquier otra, pero que en el ambiente se sentía que ninguno de los dos quería que el viaje hubiese finalizado.
- En finde pasado, sin ir más lejos, cuando después de 27 años, volví a visitar aquel salón donde festejé mis 15 años, con mis hijos, ahora declarado patrimonio histórico gracias a los vecinos de Villa Urquiza que movieron cielo y tierra para que no derrumbaran el cine ni el salón.
Los míos son muchos y todavía tengo la esperanza de que sigan sucediendo. Sólo es cuestión de estar atentos en la vida y dejar que ocurran...
Y los de ustedes cuáles son?
Les dejo un beso.








